miércoles, 20 de marzo de 2024

 


El mantenimiento y el disfrute.

Para disfrutar de algo, es aconsejable que lo mantengamos en buen estado... si no lo hacemos, el disfrute puede acabar convirtiéndose en una pesadilla.
Nuestro coche, por ejemplo.
Si, nos lleva hacia donde le conducimos, nos protege de las inclemencias del tiempo, podemos disfrutarlo en soledad o compartirlo, sentirnos orgullosos, avergonzados o indiferentes de su aspecto... necesita de cierto mantenimiento y de una serie de gastos, si queremos que nuestra propiedad funcione y perdure.

Cuando es nuevo, los cuidados son mínimos.
Muchas veces, como creemos que funciona bien, los demoramos en el tiempo... abusamos de sus recursos.
Olvidamos que por algo el fabricante da unas pautas.

O por el contrario lo mimamos todo lo que podemos, es un objeto que valoramos mucho... incluso podemos llegar a considerarnos su perfecto reflejo.

El coche, creemos, funciona bien... la realidad es que va acumulando nuestra inexperiencia inicial, los vicios de conducta, nuestra desidia, el sobre esfuerzo al que lo obligamos... si lo hacemos... y el inevitable paso del tiempo, como todo lo perecedero.

Ante la realidad, podemos darnos cuenta de ello, comprender el esfuerzo y el desgaste acumulado, y el porqué... o maldecir al maldito coche y querer cambiarlo por uno nuevo.

Cuando inevitablemente llega su fin, algunos conductores te dirán que han exprimido su vehículo a tope, que han experimentado sensaciones que ni te imaginas, que ante un nuevo vehículo... seguirán la misma pauta.
Adrenalina en estado puro..

Otros pensaran lo mismo... solo variarán las conclusiones finales. Exprimiran... vivirán todas las sensaciones... pero cuidaran más del vehículo.

Otro grupo les envidiara la osadía... quizás no lo reconozcan, pero saben que ellos no se atrevieron por diferentes motivos... y lamentan lo perdido.

También están quienes son los dueños de su vehículo... solo que dejaron que lo condujeran otros... también por diferentes motivos... y les ocurrirá que lo lamentarán o se sentiran satisfechos por ello.

Y aún habrá otro grupo que no habrá actuado como ninguno de ellos, y no lo lamentará en absoluto.
Han disfrutado de su vehículo a su ritmo, a su manera.
Han compartido algunos caminos, se han enorgullecido o lamentado... con decisiones propias y ajenas... y aprendido de ello, no se comparan o lamentan... se sienten satisfechos.

Todos han tenido la opción de contemplar o no el paisaje, compartir o no su espacio, darle más o menos cuidados, desplazarse a diferentes velocidades y por diferentes caminos... diferentes opciones, que llevan a diferentes conclusiones.

Nuestro coche es un símil de nuestro cuerpo, nuestras relaciones... nuestro enfoque de la vida.
Todas las opciones son válidas, todas conllevan experiencias y sensaciones... todas llevan sus aprendizajes y conclusiones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Vistas de página en total